Cómo combatir el envejecimiento de la piel

El envejecimiento de la piel es la suma del cronoenvejecimiento, o envejecimiento derivado del paso de los años, y del fotoenvejecimiento, que es el causado por las radiaciones solares, y que dependerá del grado de exposición al sol y de la pigmentación de la piel que tenga cada persona.

Si bien el cronoenvejecimiento es “inevitable”, el grado de fotoenvejecimiento de la piel dependerá de nuestros hábitos de vida y cuidados de la piel, por lo que podremos actuar sobre él para reducir su efecto.

La radiación solar es sin duda uno de los principales causantes de los radicales libres, responsables del envejecimiento cutáneo y aparición de enfermedades de la piel, como puede ser en grado último, el cáncer de piel. Si bien las radiaciones UVB son las causantes del enrojecimiento y quemaduras de la piel, sus daños se circunscriben a los meses de verano y horas centrales del día, en cambio las radiaciones UVA, son las responsables de las manchas solares y en gran medida, del cáncer de piel, y tienen la misma intensidad durante todo el año e iguales efectos nocivos sobre la piel.

Por todo ello, para evitar el envejecimiento de la piel, es fundamental adoptar medidas destinadas a mitigar, en la medida de lo posible, los daños derivados de factores externos como el sol, que nos permitan conseguir una piel renovada. En este sentido, algunas sugerencias serían:

+ proteger la piel ‘desde fuera’: a través del uso de cremas con fotoprotección solar capaces de aportar una protección adecuada tanto frente la UVB como la UVA.

+ proteger la piel ‘desde dentro’: a través de la toma de complementos alimenticios con atribuciones a dicho nivel. Actualmente, es posible aportar nutrientes a la piel por vía oral, capaces de protegernos frente al ataque de la radiación ultravioleta (ej. fotoprotector oral como un extracto de pomelo y romero o el propio hidroxitirosol de la aceituna), así como del deterioro propio del paso de los años que pueden ayudar a aportar firmeza y elasticidad a la piel (ej. silíceo orgánico, vitamina C, cromo, levadura de cerveza).

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El sol es bueno y malo para la piel.

Cada vez estamos más concienciados sobre los efectos nocivos del sol en nuestra piel y por tanto, el uso de cremas con factor de protección está cada vez más extendido. Pero  un mismo factor de protección solar no protege por igual a todas las ‘pieles’.

Una piel expuesta al sol que tarda en enrojecer 10 minutos, con protección FPS15 tardará 150 (FPS15 x 10 min), y una piel que tarde 5 minutos, con esa misma protección tardará la mitad, 75 minutos (FPS15 x 5 min).

La relación entre la radiación solar y el cáncer de piel es incontestable y por ello, cada vez más personas utilizan cremas con factor de protección solar no sólo en verano sino todo el año. Este es el caso de muchas personas cuya piel es especialmente blanca. Ciertamente se trata de un hábito preventivo saludable para la piel pero…hay matices que conviene aclararUna crema de protección protegerá nuestra piel, ya que evita que la radiación UVA penetre en la misma, sin embargo este mismo efecto puede hacer que nuestro cuerpo fabrique menos vitamina D y por tanto que nuestra absorción del calcio dietético sea menor. En último término esto supondría una merma de la salud ósea que, en el caso de mujeres, será más patente debido a los cambios hormonales propios del climaterio donde la bajada de estrógenos (hormona femenina) propicia por sí misma una pérdida de masa ósea…

Pero ¿por qué ocurre esto? He aquí la explicación : al ‘chocar’ los rayos UV del sol sobre la piel, el colesterol que hay bajo la misma se transforma en una serie de sustancias a nivel de hígado y riñón que en último término se convierten en vitamina D, que será quien finalmente absorba a nivel intestinal el calcio de la dieta (por eso la vitamina D es conocida como la ‘vitamina del sol’!!). Un sellado total y continuo de nuestra piel con cremas protectoras solares podría llegar a disminuir la capacidad de transformación del colesterol situado bajo la piel en vitamina D, mermando con ello en parte la robustez de nuestros huesos…Para prevenir este problema las soluciones posibles serían: i) garantizar un suministro adecuado de vitamina D a través de nuestra dieta (ej. sardina, atún, caballa, salmón, huevos, ciertos alimentos fortificados como leches o cereales); ii) para procurar exponer al sol, con cierta regularidad, al menos partes de nuestro cuerpo (ej. cara y manos) durante un tiempo semanalmente (1h-2horas); iii) tomar un suplemento nutricional a base de vitamina D (400-800 UI/día) a parte de lo aportado por la dieta.