Enfermedades psicosomáticas: una realidad incontestable

La influencia que nuestra mente puede llegar a ejercer sobre nuestro cuerpo es muy poderosa…Desde hace tiempo hay disciplinas que investigan el efecto de los pensamientos (positivos o negativos) en nuestro bienestar (ej. Psiconeuroinmunoendocrinología-PNIE = efecto de la mente sobre el sistema nervioso, defensivo y de hormonas o sustancias mensajeras del cuerpo).

Un claro caso de influencia de la mente sobre el cuerpo se da en los ensayos clínicos, o estudios destinados a probar la eficacia de una sustancia en determinadas enfermedades o problemas de la salud. Lo ideal en este tipo de estudios es que, además de probar la droga o producto en cuestión, haya un grupo de personas que ‘piensen’ que están recibiendo dicha droga o fármaco, pero que en realidad están recibiendo un comprimido con el mismo aspecto que el original, pero que en realidad no lleva nada (bueno, puede ser azúcar o cualquier sustancia inerte…sin actividad). Este tipo de productos se llaman placebo. El mero hecho de pensar que están tomando un producto que bien pudiera mejorar su condición, genera una sugestión tal, que puede hacer que mejoren de manera notoria, a pesar de haber estado tomando ‘aire’. Esto es los que se conoce como ‘efecto placebo’.

Pero en estos estudios, también puede ocurrir lo contrario, esto es, que aun tomando una sustancia placebo, la persona se encuentre fatal y muestre unos síntomas incluso severos tras la toma de ese nuevo producto que en el fondo era ‘aire’. A esta reacción adversa ante la toma de un producto inocuo se le llama efecto nocebo.

En ambos casos, esa respuesta favorable o desfavorable ante una sustancia absolutamente inerte, viene determinada por nuestra mente. Sin que a veces podamos controlarlo, nuestros pensamientos son capaces de activar en nuestro organismo nervios, hormonas, y células defensivas, que pueden actuar a favor de nuestra salud o en contra. Por ello, más allá de una buena salud física es importante no menospreciar la importancia de tener una buena salud mental.

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Remedios para combatir el cansancio mental

 

El ‘cansancio mental’ es un estado que a menudo se asocia a una serie de sensaciones como son fatiga, falta de energía, irritabilidad, confusión, baja motivación etc. que pueden resultar en una ‘bruma mental’ que en la práctica se traduce en una dificultad para concentrarse, memorizar o procesar la información.  Las causas de este tipo de situaciones pueden ser múltiples, siendo la alimentación y estado del sistema digestivo dos factores que hay que tener muy presentes. Algunas situaciones que pueden asociarse con problemas como los descritos anteriormente son:

+ los problemas digestivos asociados a intolerancias, alergias o sensibilidades alimentarias (ej. gluten, lectinas, proteínas de la leche, lactosa etc.).

+ deshidratación o bajadas de azúcar (hipoglucemias),

+ dietas ricas en azúcares se asocian con una disminución de la memoria a medio y largo plazo, así como a una habilidad disminuida para resolver problemas.

+ dietas ricas en grasas también se asocian con una peor función mental.

Por tanto, un cuidado de los hábitos nutricionales es esencial para disfrutar de un buen estado mental. Es importante limitar el consumo de alimentos ricos en azúcares (ej. repostería, golosinas, zumos de frutas, refrescos azucarados) así como con excesiva grasa (ej. embutidos, salsas, algunos alimentos procesados). A cambio, hay que promover la ingesta de alimentos saludables para el cerebro como los arándanos, aguacates, verduras de hoja verde, pescado azul o frutos secos.

Unido a lo anterior, siempre es posible aportar un empuje adicional a través de la toma de suplementos con ingredientes concentrados que apoyen y nutran a nuestro cerebro. A este nivel nos encontramos con el ginkgo biloba y la centella asiatica, ambas plantas cuyos extractos cuentan con reconocidas bondades a la hora de mejorar el riego sanguíneo a nivel cerebral (y por tanto, una mejor oxigenación y aporte de nutrientes).  Así mismo, plantas como el ginseng o la ashwagandha son reconocidos tónicos cerebrales que aportan más vitalidad a nuestra función mental (sin poner nervioso).  Por otro lado, las vitaminas del grupo B son sin duda las “vitaminas del cerebro” por excelencia, aunque también son importantes las vitaminas D, E o C. A nivel de minerales, destacan el fósforo, magnesio, hierro, zinc o cobre.

Y por supuesto, no olvidar el importantísimo papel de los omega-3 marinos (DHA y EPA), con especial énfasis en el DHA (ácido docosahexaenoico), que es un elemento ‘estructural’ del cerebro cuya toma más o menos regular, es sin duda una apuesta segura a medio y largo plazo.

Finalmente, es igualmente importante tener presente la relevancia de adoptar medidas para garantizar un buen estado emocional (ej. controlar el estrés) y de garantizar una cierta actividad diaria (ej. nadar, andar etc.).

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