Los omega-3 sí ofrecen beneficios para mejorar la salud cardiovascular

En el mes de Julio 2018, algún medio de comunicación (ver link: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-07-18/suplementos-omega-3-ningun-beneficio-corazon_1594074/) se hizo eco de un estudio reciente que concluía que los omega-3 no aportan beneficios a nivel cardiovascular. A continuación, me gustaría aportar argumentos que ponen en duda la rotundidad de dicha afirmación.

Discrepo con dicha afirmación, por cuanto los omega-3, bien entendidos y utilizados, pueden aportar muchos beneficios a nuestra salud, algo que voy a intentar aclarar en las siguientes líneas.

Tras tantos años de hablar de los omega-3, la mayoría de la gente sigue sin entenderlos ni saber usarlos. Omega-3 es una denominación que hace alusión a una peculiaridad química de ciertos ácidos grasos (tener un doble enlace en el tercer carbono de la molécula), vendría a ser como un ‘apellido’ que se le pone a cierto tipo de moléculas grasas pero….¿significa eso que todas las personas con el mismo apellido son de la misma familia?…pues no; de la misma manera, una grasa omega-3 de tierra no se parece en nada a una grasa omega-3 de mar. Esto me permite aludir a ese reciente estudio publicado que dice que los omega-3 no aportan beneficios a nivel cardiovascular. En dicho estudio, mezclaron estudios que usaban omega-3 de tierra con omega-3 de mar, ósea, mezclaron plátanos con naranjas y una vez más, no tienen nada que ver el comportamiento de los omega-3 de tierra con los de mar.

Existen evidencias sólidas de que los omega-3 de mar, sí que pueden ofrecer beneficios a nivel cardiovascular y si no, no hay más que remitirse a un fármaco aprobado hace años por la FDA americana y la EMEA europea que es un concentrado de aceite de pescado rico en DHA y EPA (Omacor). Así mismo, la EFSA (máxima autoridad europea en materia de seguridad alimentaria), a través de sus comités científicos, ha dado por buenas afirmaciones sobre las bondades de los omega-3 marinos como que: el DHA contribuye al desarrollo visual infantil y al desarrollo normal cerebral, que el DHA y EPA contribuyen a mantener unos niveles normales de triglicéridos o al mantenimiento de una función cardiaca normal etc…

Esto me brinda la oportunidad de hacer unas aclaraciones de conceptos que es preciso entender si uno quiere sacar el máximo provecho a los omega-3 marinos. En teoría, tanto si trabajamos con un suplemento de omega-3 de algas, de krill o de pescado pequeño o grande, molecularmente hablando, todos ellos tienen los mismos omega-3, esto es, DHA y EPA, siendo la única diferencia su ‘cantidad’. Cuanto más pequeño es el organismo, menos cantidad de omega-3 puede almacenar.  Si todos tienen las mismas moléculas protagonistas, ¿cual es la clave para que funcionen??…la respuesta a esta pregunta, es la clave para entender cómo utilizar bien estas importantes grasas…

Fundamentalmente es un tema de ‘concentración‘. Del contenido total de aceite marino de una perla comercial de omega-3, en muchos casos el 70% no es omega-3, sino ‘otras grasas’ marinas que nada aportan a los humanos. Por tanto, en realidad, esa perla de aceite de pescado, krill etc. puede estar aportando una cantidad de omega-3 (entendido como DHA y/o EPA) de 80 mg a 300 mg. Este tipo de dosis se consideran dentro de un rango ‘nutricional’, esto es, destinadas a suplir un nutriente que quizás es deficitario en nuestra dieta por no consumir pescado habitualmente. Sin embargo, una ‘dosis nutricional’ nunca va a conseguir aportar mejoras cardiovasculares, cerebrales o de cualquier otro tipo. Para conseguir ese tipo de efecto, es preciso trabajar con ‘dosis supranutricionales’, esto es, por encima de 1.000 mg de EPA y/o DHA/día. Los efectos de los omega-3 marinos son dosis dependientes y, si no se alcanza la dosis, no se alcanza el objetivo. Dentro de un abanico de dosis comprendido entre 1.000 mg y 4.000 mg de omega-3 marino, es posible alcanzar efectos muy satisfactorios. Muchos de los estudios hechos en el pasado con omega-3 fallaron precisamente por trabajar con dosis insuficientes y en los últimos años, que es cuando la comunidad científica ha empezado a trabajar con dosis superiores, es cuando están comenzando a verse efectos muchos más claros e interesantes. Aun así, todavía queda mucho por hacer ya que sería preciso ‘repetir’ estudios pasados con dosis más elevadas para poder ver, en muchos casos, resultados bien distintos. Así mismo, cabe apuntar que el DHA y EPA tienen atribuciones bien diferenciadas y por tanto, habrá ocasiones en que interese dar uno, otro o los dos y siempre, a las dosis adecuadas.

En definitiva, que el tema de los omega-3 no es un asunto baladí, y su buen uso requiere que sean tratados con rigor, algo que desafortunadamente, no siempre es así.

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