Remedios para combatir el cansancio mental

 

El ‘cansancio mental’ es un estado que a menudo se asocia a una serie de sensaciones como son fatiga, falta de energía, irritabilidad, confusión, baja motivación etc. que pueden resultar en una ‘bruma mental’ que en la práctica se traduce en una dificultad para concentrarse, memorizar o procesar la información.  Las causas de este tipo de situaciones pueden ser múltiples, siendo la alimentación y estado del sistema digestivo dos factores que hay que tener muy presentes. Algunas situaciones que pueden asociarse con problemas como los descritos anteriormente son:

+ los problemas digestivos asociados a intolerancias, alergias o sensibilidades alimentarias (ej. gluten, lectinas, proteínas de la leche, lactosa etc.).

+ deshidratación o bajadas de azúcar (hipoglucemias),

+ dietas ricas en azúcares se asocian con una disminución de la memoria a medio y largo plazo, así como a una habilidad disminuida para resolver problemas.

+ dietas ricas en grasas también se asocian con una peor función mental.

Por tanto, un cuidado de los hábitos nutricionales es esencial para disfrutar de un buen estado mental. Es importante limitar el consumo de alimentos ricos en azúcares (ej. repostería, golosinas, zumos de frutas, refrescos azucarados) así como con excesiva grasa (ej. embutidos, salsas, algunos alimentos procesados). A cambio, hay que promover la ingesta de alimentos saludables para el cerebro como los arándanos, aguacates, verduras de hoja verde, pescado azul o frutos secos.

Unido a lo anterior, siempre es posible aportar un empuje adicional a través de la toma de suplementos con ingredientes concentrados que apoyen y nutran a nuestro cerebro. A este nivel nos encontramos con el ginkgo biloba y la centella asiatica, ambas plantas cuyos extractos cuentan con reconocidas bondades a la hora de mejorar el riego sanguíneo a nivel cerebral (y por tanto, una mejor oxigenación y aporte de nutrientes).  Así mismo, plantas como el ginseng o la ashwagandha son reconocidos tónicos cerebrales que aportan más vitalidad a nuestra función mental (sin poner nervioso).  Por otro lado, las vitaminas del grupo B son sin duda las “vitaminas del cerebro” por excelencia, aunque también son importantes las vitaminas D, E o C. A nivel de minerales, destacan el fósforo, magnesio, hierro, zinc o cobre.

Y por supuesto, no olvidar el importantísimo papel de los omega-3 marinos (DHA y EPA), con especial énfasis en el DHA (ácido docosahexaenoico), que es un elemento ‘estructural’ del cerebro cuya toma más o menos regular, es sin duda una apuesta segura a medio y largo plazo.

Finalmente, es igualmente importante tener presente la relevancia de adoptar medidas para garantizar un buen estado emocional (ej. controlar el estrés) y de garantizar una cierta actividad diaria (ej. nadar, andar etc.).

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