Grasas Trans: ¿Qué son? ¿Por qué son malas?

Las grasas trans son un tipo de grasas cuyo origen es mayoritariamente artificial, habiendo un porcentaje muy bajo cuyo origen es natural (ej. en carnes de rumiantes).

Las grasas trans son sintetizadas a través de procesos industriales por la industria alimentaria. En ocasiones, interesa endurecer determinadas grasas que en la naturaleza son líquidas a temperatura ambiente (ej. un aceite vegetal como el aceite de maíz o de girasol). Este endurecimiento se consigue inyectando hidrógeno y permite fabricar margarinas vegetales a partir de aceites vegetales (es decir, un margarina realmente es un ‘aceite vegetal endurecido’). A este tipo de grasas ‘transformadas’ se les conoce también como grasas ‘trans’, hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas. Así mismo, el calentamiento y cocinado con aceite vegetal a altas temperaturas (ej. frituras) o el refinado de aceites comestibles, también puede resultar en la producción de grasas trans.

Por estos motivos, las grasas trans están muy presentes en muchos alimentos precocinados (ej. pizzas, pasta, croquetas, empanadillas etc.), además de galletas, helados, margarinas, palomitas de microondas, pastelería y bollería industrial, aperitivos en bolsa (dulces y salados), y en general en muchos alimentos de ‘comida rápida’.

Este tipo de grasas son muy perjudiciales para la salud vascular, por cuanto suben el colesterol ‘malo (LDL), bajan ‘el bueno’ (HDL) y contribuyen a deteriorar el tapizado interno de los vasos sanguíneos, propiciando con ello el que se formen obstrucciones que en último término van a dificultar la circulación sanguínea. Así mismo, las grasas trans aumentan la generación de radicales libres, un tipo de moléculas eléctricamente inestables que afectan de manera negativa a células y tejidos. Los radicales libres reducen la eficiencia energética de las células, lo cual afectaría negativamente la función cognitiva y cardiovascular. Las grasas trans deberían suponer menos de un 5% de las calorías diarias (aprox. 1,5g/día) y una porción grande de patatas fritas o nuggets de pollo, 100 g de palomitas de maíz para microondas o 100 g de bizcocho o galletas puede llegar a aportar entre 20 y 30 gramos de este tipo de grasas. ¿Algo más que decir?…

Actualmente, los fabricantes de alimentos con grasas trans sólo están obligados a indicar sobre su presencia, pero cabe esperar que en algún momento, la CEE limite su cantidad en los alimentos, tal y como hizo voluntariamente Dinamarca que desde el 2003, sólo permiten un máximo de un 2% de grasas trans en grasas y aceites destinados al consumo humano. En esa misma línea están ya países como Austria, Suiza e Islandia y en Junio del 2015, EEUU dio un gran paso al prohibir las grasas trans sintéticas. Un informe de Diciembre del 2015, parece indicar que la Comunidad Europea está empezando a moverse en la dirección deseada, siendo de esperar que más pronto que tarde emita una propuesta sobre este tema a los países miembros. Esperemos que así sea..!

 

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